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“SI QUIERES SABER SI ESTÁS DESTINADO”

Alejandro Aboytes

Demian y Samuel se encontraban reunidos en un despacho, sentados frente a frente en un escritorio, en medio de ellos estaba un revolver y a su lado se encontraba una persona que decía ser el Arcángel Miguel en forma humana.

—Sé que suena como una estupidez, pero ustedes han sido seleccionados por nuestro Dios, para cambiar el curso de la humanidad, del universo y del mundo espiritual. Son las únicas dos personas que no se pueden ir al infierno y también son las únicas que pueden acabar con el demonio —dijo el Arcángel.

—¿ Con el demonio?. ¿Y porque no lo acaba usted? —preguntó Demian.

—Un Arcángel no puede eliminar a un ángel, recuerda que el demonio fue primero eso.

—¿Y cómo un humano sí puede terminarlo? —cuestionó Samuel.

—Ustedes, la  especie humana tienen el don de destruir cualquier creación de Dios.

Samuel y Demian se quedaron viendo al arma que estaba enfrente de ellos.

–        ¿Y el arma es para matar a Satanás? —Inquirió Demian.

–        Así es, es un revolver exclusivamente hecho por nuestro señor, pero … —dijo Miguel, quien se detuvo para seleccionar las palabras correctas y continuó—  solo uno de ustedes podrá ir al infierno y acabar con él.

–        Pero nos dijiste que no podemos ir al infierno —comento Samuel.

–        Para eso también es el arma, solo el suicidio es la forma de ir.

–        ¿Y quieres que nos volemos los sesos, jugando la ruleta rusa? —cuestiono Demian.

–        Sí, si quieres saber si estás destinado a algo, la ruleta rusa es la forma perfecta de conocerlo —expresó el Arcángel y vio a los ojos de los presentes para saber si estaban convencidos, luego añadió— el arma tiene dos balas, una para quien le toque ir y la otra para extinguir al demonio.

Los individuos tragaron saliva, pero  creían fielmente lo que estaban escuchando.

–        ¿Habrá una recompensa? ‑Pregunto Samuel.

–        El cielo eterno y estar sentado a la izquierda del señor.

–        Para, eso es más que suficiente —dijo Demian.

Agarró el arma y la colocó en su sien. Respiró hondo y jaló del gatillo. El martillo de percusión retumbo en sus tripas, cuerpo y ojos  pero, no le tocó la bala.

Una tanto decepcionado y a la vez aliviado paso el revolver a Samuel, a este se le secó la boca y se le agitó la respiración, por su mente pasó cómo podía estar en esa situación creyendo los disparates de ese tipo. Sin embargo continuó, jaló el martillo y se colocó la pistola en su sien derecha.

–        Uno, dos, tres —gritó Samuel y accionó el arma.

Sus dedos temblaron, su semblante se volvió nauseabundo, pero al saber que seguía vivo se llenó de vida, de esa extraña oscura alegría que solo sale a flote en momentos peligrosos.

Dejó el revolver en el escritorio y exhalo fuerte, lleno de alivio.

Demian empuñó el arma, más decidido que la vez anterior, la puso en su cabeza.

—A la mierda maldito demonio —vociferó y accionó el revolver.

Esta vez se escuchó el sonido de la bala, de la explosión que la empujó y de cómo esta entró en el cráneo de Demian, era tanta la tensión y el silencio, que se distinguió de igual manera como iba destrozando el cerebro hasta salir del otro lado del cráneo.

Demian cayó al escritorio y sus ojos alcanzaron a observar la mano del Arcángel, la cual estaba chocando los dedos contra la madera, pero a diferencia de las otras veces que la había visto, esta vez las uñas tenía un color ocre, llenas de mugre y putrefacción, manchada de azufre.

Se dio cuenta demasiado tarde, que aquel no era el Arcángel que decía ser, si no el mismo Lucifer que a sabiendas que nunca lo podría llevar al infierno, vino por él, para que él mismo se enviara al inframundo.

Alejandro Aboytes

Autor de:  Su Alma Color Violeta