A los 66 años de edad falleció en la Ciudad de México Don Manuel Porrúa Pérez, mi abuelo.
Hoy, trece de abril, se cumplen 37 años de su muerte, por lo cual, me he atrevido a realizar este pequeño pero interesante texto.

Estoy segura de que será de gran interés para muchas personas, en este escrito podrá encontrar gran parte de la historia de los Porrúa, y la descendencia de Don Manuel Porrúa Pérez, hijo de Don Indalecio Porrúa, fundador de la librería Porrúa Hnos. y Cía.

También anexo un estudio de su Biblioteca, mismo que fue realizado por él y algunas fotografías familiares.
Me he basado en un libro que él editó y regaló con motivo del 25 aniversario de su librería, es un Refranero de Ignacio Manuel Altamirano , en el cuál aparecen en las primeras páginas palabras de mi abuelo contando su historia y su propósito.
Este texto es una plática entre él y yo, en la cual le respondo o comento sobre lo que él algún día expuso en aquella edición conmemorativa.

Yo contaba con tan solo 11 años de edad cuando murió, sin embargo, lo recuerdo muy bien, pues mi padre trabajaba en su librería y editorial.

Los sábados era común que me llevara a ese maravilloso lugar en el que recuerdo estar sentada en el mostrador, atender a algunos clientes, correr por esos increíbles pasillos de libreros para preguntar a los empleados en dónde estaba el libro que el cliente me había pedido.

Recuerdo que los teléfonos no paraban de sonar, algunas veces yo contestaba tratando de ayudar a las telefonistas. Subir al primer piso, correr a su despacho para saludarlo y verlo con su cigarro y su boina, imagen imborrable en mi mente. Cómo olvidar el quinto piso, era todo un museo, su mayor tesoro y por el que había luchado y trabajado toda su vida: su biblioteca. Entrar ahí era quedarte sin habla, con un respeto que emergía solo, sin que nadie lo pidiera.
Recuerdo salir de la librería tomada de su mano e ir a la Dulcería de Celaya en dónde me compraba todo lo que yo quería. Fue una persona muy cariñosa conmigo, un hombre con mucha personalidad, tan es así, que hoy después de tantos años de su muerte me he encontrado con personas de diferentes nacionalidades que lo conocieron y aún lo recuerdan como a un gran señor, librero, editor y estupendo bibliófilo, esto para mí siempre ha sido un gran orgullo y uno de los grandes motivos para mantener muy en alto nuestro apellido: “Porrúa”.

Empecemos con las palabras que dejó impresas en aquella edición conmemorativa y mis comentarios o respuestas a cada una de ellas.

“Hace veinticinco años, cuando me separé de la casa de mi padre, me fui a Europa, acompañado de mi esposa la Sra. Eugenia Venero de Porrúa que ha vivido todas mis alegrías y tristezas. Necesitábamos algo nuevo para inaugurar una librería diferente, tal y como lo había pensado; había que conseguir libros nuevos y antiguos, también algunos documentos que poder mostrar a mis amigos y clientes de esta gran Ciudad. Este fue el inicio de mis actividades. Contaba con 32 noviembres. ¡Quién los tuviera! Me tracé un plan, según recuerdo: fundaré una librería que con los años sea tan importante como la de mi padre; cierto que me lleva cincuenta años de adelanto, pero con tesón todo se logra; con trabajo y dignidad aseguraré el sustento de mis familiares. Y que quede bien entendido, con trabajo y dignidad quiero que mis hijos lleguen a obtener el pan; que lo obtengan no con facilidad sino con trabajo, honor y dignidad”.

Querido abuelito, siempre me he sentido muy orgullosa de la librería que fundaste, la de tu padre fue y es una gran librería, pero yo estoy orgullosa de descender del linaje de Manuel Porrúa, quien se forjó su propio nombre, reputación y fama.
Sé que te faltó tiempo para lograr muchas cosas que tenías en mente.

Te puedo decir que por nuestra parte (no hablo por otras personas), tu hijo Joaquín y tus nietos Manuel, Rodrigo y Rosamary hemos seguido tu ejemplo y solo con trabajo, dignidad y honor nos hemos ganado el sustento de cada día.
Nota: Para entender un poco el porqué se separó Manuel Porrúa de la librería de su papá les platicaré brevemente cómo es que se funda la “Librería de Porrúa Hnos. y Cía.”.

Iniciada la segunda mitad del siglo XIX. Provenientes de Pie de la Sierra, del Consejo de Llanes, Asturias, en España, llegan tres hermanos: José, en 1886; Indalecio en 1888 y finalmente Francisco en 1890.

Mi bisabuelo, Indalecio Porrúa, instaló un bazar en la calle de San Pedro y San Pablo (ahora segunda calle Del Carmen) lugar en el que en el año de 1900, y bajo un anuncio de “Compramos Bibliotecas”, invita a sus hermanos a trabajar con él para dedicarse a la compra-venta de libros de ocasión .

En 1910 inicia la labor editorial de Librería Porrúa, con la publicación de una Guía de la Ciudad de México de don José Romero, impresa en España, pero con el pie de imprenta de Librería Porrúa Hermanos. Cuatro años más tarde, en 1914, se editaría el primer libro hecho en México: Las cien mejores poesías líricas mexicanas bajo el sello de su casa editorial.

En 1933 José Porrúa deja el negocio y regresa a España, en donde funda la “Librería de José Porrúa Turanzas”.

Indalecio, mi bisabuelo, invita a José Antonio Pérez Porrúa, su sobrino, quien vivía en España, a trabajar con él. (Los actuales dueños de la Librería de Porrúa Hnos., son los descendientes de José Antonio Pérez Porrúa.)

Nota: Dos años antes del 25 aniversario de la librería Manuel Porrúa, en 1970, mi abuelito le escribe una carta a su hijo Miguel Ángel , una parte de ella explica el porqué mi abuelo Manuel no continuó en la librería de su padre, la “Librería de Porrúa Hnos. y Cía.”.

Esta carta la publicó mi tío Miguel en un homenaje a Manuel Porrúa , en agosto de 1998.
Dice así:
“…hoy es 24 de noviembre y muy significativo para la vida de este tu padre. Hace 23 años, precisamente el 24 de noviembre de 1947 al salir yo de la casa que fue de mi papá comencé este negocio…. Necesidades: Un hogar con cuatro hijos a los que tenía que sostener de acuerdo a lo que estaban acostumbrados y además, muy importante no manchar el nombre que había heredado. Ambiciones: Trabajar para hacer para mis hijos un negocio semejante al que había hecho tu abuelo y que sus descendientes no pudimos aprovechar por diversas actuaciones de los allegados…”.
Continúo con las palabras de mi abuelito en la edición de “El refranero” de Ignacio M. Altamirano:

“Otro propósito importante, que desde esta librería, la de mis amigos, se distribuya cultura, no sólo dentro de nuestro territorio, sino al mundo entero. Así nuestro México sería más culto, más fuerte, más conocido en el mundo y por lo tanto más respetado”.
Abuelito, como expresé anteriormente yo no puedo hablar por otras personas, pero en lo que a mí respecta, sin tener nada que ver con la librería que tantos años y trabajo te costó, sigo tu ejemplo y la editorial que lleva mi nombre tiene el firme propósito de distribuir cultura dentro y fuera de nuestro territorio, llevando el nombre de México muy en alto.

“ Tengo tres hijos que no pueden fallar y harán que la librería continúe por generaciones: Manuel, extraordinario, aparentemente no trabaja, Dios no lo ha querido, su cultura no es nada normal, su inteligencia lúcida, su carácter fuerte, sus pláticas y consejos son sin lugar a duda muchísimo más importantes que el trabajo físico que pudiera desempeñar; Joaquín es joven le gusta el trabajo diario de la librería y lo hace con entusiasmo; Miguel Ángel, aún no nacía cuando se fundó la librería, cuenta apenas con veintiún años; pero piensa y actúa más allá de su edad… Joaquín tiene un hijo que se llama Manuel Porrúa, es el tercero y esperemos que también tenga las mismas aficiones que sus antepasados”.
Nota: Joaquín, es mi padre, y Manuel Porrúa, el tercero del mismo nombre, es mi hermano.

Abuelito, no sé qué ni cómo darte una respuesta o comentario a estas palabras. Hay mucho que decir al respecto pero sé que no te gustará.
Mi tío Manuel, no pudo continuar tu proyecto ya que Dios se lo llevó y seguramente estará a tu lado.
Mi tío Miguel Ángel, empezó su propio proyecto con la editorial y librería que lleva su propio nombre, esto tú lo viviste ya que fue antes de que tú te fueras.
Mi papá continúo dando vida y trabajo a tu librería, sin embargo, por cuestiones similares a las que tú mencionas en la carta dirigida a mi tío Miguel, no pudo darle seguimiento por diversas actuaciones de algunos allegados.
Él inició también con su propio nombre un proyecto exitoso.
“Mis dos hijas, María Eugenia y María del Carmen, también me ayudan, me hablan, me dan ánimos para continuar… Ya están casadas y esperamos que con la ayuda de sus compañeros logren que nuestros nietos continúen la trayectoria que heredamos de los mayores”.

Abuelito, lo que te voy a decir me entristece el alma, como a algunos de tus hijos y nietos. Después de que mi papá salió de tu librería, y en vida de mi abuelita, mi tía Carmina quiso hacerse cargo de la librería, y así fue durante años.
Con tristeza te digo que esa librería nunca volvió a ser lo que fue.
Hace pocos meses y todavía sin finiquitar legalmente la herencia, después de la muerte de mi querida abuelita, tu librería, el proyecto de tu vida, por lo que algunos de tus hijos y nietos nos sentimos orgullosos y hubiéramos continuado con tu trabajo, fue finalmente cerrada al público y los libros rematados para rentar el lugar a un bar.
Que tristeza, una librería de tal envergadura, por la que tanto luchaste ahora convertida en un bar. Quien diría que el fin o propósito de quien peleó por tenerla en propiedad, era para ganar dinero de una renta y no para continuar con la tradición, tu nombre y nuestras raíces.
Yo sé que si no hubieras muerto hace 37 años, te hubieras muerto al escuchar esta noticia.

Así como te doy esa mala noticia, también te digo que tu deseo de que algunos de tus nietos continuaran con la trayectoria que heredamos de tu padre, se ha cumplido.

Hoy existen editoriales y librerías de reconocido prestigio con el nombre algunos de tus nietos y nietas, entre ellas me incluyo yo.

“El criterio con el cual he formado la biblioteca, es muy fácil de explicar, teniendo en cuenta estos antecedentes; desde muy pequeño oí hablar de códices, de libros miniados, de xilografías, de pan de oro, de incunables, de grandes impresores como Gutenberg, Cromberger, de impresos de Montserrat… etc. Algo había que conseguir de ellos, tales como la Biblia de 1484, la Summa Angélica de 1497, Séneca, Cicerón….etc. No se escatimó en tiempo ni dinero para obtenerlos”
“Si me refiero a América que es lo que más me interesa y cuyo fondo es el mayor de esta biblioteca, oí hablar de los sellos indígenas en barro y piedra dura, de los códices, de Juan Pablos…”
“En la biblioteca pueden verse todas estas cosas… Tenemos en casa un buen acervo de manuscritos, obras raras e importantes con los cuáles puede ayudarse al progreso de los pueblos. Esta fue precisamente la idea que he tenido para la formación de la biblioteca”.
Abuelito, tú llegaste a saber que tu biblioteca fue conocida como una de las más importantes , esto para mí es un gran orgullo.
Después de tu muerte, tu biblioteca se sacó de la librería por motivos de seguridad, recuerdo cuando esto sucedió. Todos sabíamos en dónde estaba y a quien pertenecía según tus deseos y palabras que muchos conocimos, sin embargo hoy en día nos gustaría saber a mí, a algunos de tus nietos y de tus hijos en dónde están esas importantes obras, qué final tuvo esta importante biblioteca por la que tanto trabajaste. Seguramente tú desde allá arriba sabrás la respuesta.

Hoy que cumples 37 años de que te fuiste, quise escribirte estas palabras con el propósito de sentir que estaba platicando contigo, yo sé que con el simple hecho de cerrar los ojos y hacer una oración puedes escucharme, sé que estás con nosotros y que todo lo que aquí te digo tú ya lo sabías.

Yo, Rosamary, una de tus nietas, te digo que aunque tu librería la cerraron y tu biblioteca ya no existe, llevaré tu nombre muy en alto. La librería Manuel Porrúa siempre será recordada por los verdaderos amantes y conocedores de los libros, así como en mi mente y mi corazón.

Tu hijo Joaquín, mi papá, siempre me ha enseñado a querer y valorar a nuestro México, a nuestro trabajo y a ti, mi abuelo, lo mismo ha sucedido con mis hijos que te quieren, admiran y valoran aunque no te conocieron.
Esta casa editorial que lleva mi nombre publicará aquellas obras que te hubiera gustado publicar y que ya no te dio tiempo.
Buscaré y regresaré a este país obras importantes e imprescindibles para nuestra historia y conocimiento, continuaré difundiendo cultura dentro y fuera de nuestro país.
Diré siempre con la cabeza en alto y muy orgullosa:
“Soy nieta de Don Manuel Porrúa”

Si quieres conocer el estudio de su biblioteca, entra al siguiente link.