Ante la muerte de Moctezuma II, Tlatoani azteca, Cuitláhuac, su hermano, emerge como nuevo Tlatoani. Corría el mes de junio de 1520; Hernán Cortés y sus hombres intentaban ocupar la isla de Tenochtitlán, símbolo del poderío azteca. Se trataba de una conquista obligada.

Cuitláhuac, como primer paso, arremete contra los españoles, quienes, en medio de tremenda lluvia huyen por la noche, el 24 de junio. Son perseguidos y muchos de ellos encuentran la muerte. Cortés huye por lo que hoy es la calzada México-Tacuba. Ya en las afueras de la ciudad, dice Bernal que se detuvo, revisó las bajas, y lloró. Esa noche pasaría a la historia como la noche triste.

Cuitláhuac ordenó, que en su homenaje de coronación, fueran sacrificados todos los españoles y aliados que cayeron prisioneros en el palacio de Axayácatl (hoy Monte de Piedad), a donde la retaguardia de los conquistadores había regresado cuando se hundió el puente portátil que colocaban para pasar las zanjas.

En pocos meses, Cuitláhuac refuerza y reorganiza a sus hombres. Se estima que formó un ejército de 100 mil guerreros, pues sabía que Cortés regresaría.

Cortés al mismo tiempo, continúa la huida y se dirige a Tlaxcala. Bernal registra que “Quedaban cuatrocientos y cuarenta con veinte caballos y doce ballesteros y siete escopeteros”. Cortés comienza a fortalecer sus alianzas con pueblos enemigos de los aztecas, principalmente los ya para entonces amigos tlaxcaltecas, mientras recibía refuerzos de Cuba. Ordenó traer la madera de algunos bergantines de las costas de Veracruz, piezas que le serían clave un año después durante el sitio a Tenochtitlán.

Antes de morir Moctezuma, el 23 de abril de 1520, había desembarcado en las costas veracruzanas, Pánfilo de Narváez, con un ejército de 1500 hombres, procedente de Cuba, con instrucciones de quitar poder a Cortés. El conquistador le fue a enfrentar y fácilmente lo venció. En Tenochtitlán se cocinaba la expulsión de los españoles como ya se ha descrito.  Sin que nadie lo supiera, Narváez había traído a tierra americana al que resultaría ser el más mortal enemigo de los Mexicas: la viruela.

Esa enfermedad acabó con la vida de Cuitláhuac en noviembre del mismo año de 1520, cuando ya había reunido un ejército de tres divisiones con un total de más de 500,000 soldados, mucho más numerosos que las fuerzas de Cortés, incluso más que las fuerzas españolas totales instaladas en Cuba. A su muerte, Cuitláhuac tenía 44 años de edad.

Cuando Cuauhtémoc asumió el poder, la ciudad estaba devastada por el hambre, la viruela, y la falta de agua dulce.

Hacia el mes de abril de 1521, los españoles comenzaron el llamado sitio de Tenochtitlán, que duraría 90 días. Cortés armó y repartió 12 bergantines que atacaban y destruían desde el agua a las frágiles canoas de los mexicas, que peleaban con piedras y flechas. Ordenó derribar la caída de agua del acueducto de Chapultepec, de cinco kilómetros, construido por Moctezuma I, y que alimentaba a la isla de agua dulce. El Tlatoani Ahuízotl había construido también un acueducto de ocho kilómetros que traía agua desde la altura de Coyoacán. (El mismo Ahuízotl murió a causa de un accidente que sucedió durante la construcción, provocando una fuerte inundación) El llamado dique de Nezahualcóyotl fue derrumbado para dar paso a los bergantines españoles, rompiendo así el equilibrio hidráulico de la ciudad. (Ese dique separaba el agua del lago de Texcoco, salada, de los lagos de México, Xochimilco y Chalco, de agua dulce)

Durante el sitio, los aztecas por las noches salían por agua dulce y alimento. Mientras la viruela azotaba a la población. Como estrategia para buscar aliados, Cuauhtémoc enviaba a los pueblos vecinos, cabezas de caballos, manos y pies de españoles y caras desolladas, tratando de convencerles de que la victoria estaba de su lado.

El 8 de agosto, después de 93 días de sitio, Cortés envía a unos mensajeros ofreciendo la paz a Cuauhtémoc. El Tlatoani responde que morirán antes de rendirse. Tan solo 5 días después los españoles entran a la ciudad y Cuauhtémoc se ve forzado a huir. La canoa en la cual huían de Tenochtitlan él, su familia y sus más allegados guerreros, fue alcanzada por un bergantín español piloteado por García Holguín. Cuauhtémoc exigió ser llevado ante “Malinche” (así llamaban a Cortés los mexicas, que es un término patronímico de Malintzin su concubina indígena)

Bernal dice al respecto, que ese día  “Llovió y relampagueó y tronó aquella tarde y hasta medianoche mucho más agua que otras veces” Y hubo silencio.

Era el martes 13 de agosto de 1521 a hora de vísperas, en día de señor San Hipólito.

Una vez en su presencia, señalando el puñal que el conquistador llevaba al cinto, le pidió que lo matara con él, pues no habiendo sido capaz de defender su ciudad y a sus vasallos, prefería morir a manos del invasor. Tenía 26 años.

Este hecho fue descrito por el propio Hernán Cortés en su tercera carta de relación a Carlos I de España:

..”llegóse a mi y díjome en su lengua que ya él había hecho todo lo que de su parte era obligado para defenderse a sí y a los suyos hasta venir a aquel estado, que ahora hiciese de él lo que yo quisiese; y puso la mano en un puñal que yo tenía, diciéndome que le diese de puñaladas y le matase”…

Tiempo después Cortés ordenaría matar a Cuauhtémoc durante su viaje a las Hyberas (hoy Honduras) en 1525, no sin antes torturarlo y hacerle prisionero.

Cuando entraron los españoles a la vencida isla de Tenochtitlán, encontraron desolación y muerte. Había cadáveres en todas las calles, el olor era insoportable. Había muerto más de la mitad de la población.

Cortés ordenó limpiar las calles y enterrar los cadáveres. Ordenó volver a adobar los acueductos y él se instaló en Coyoacán, mientras se reconstruía y limpiaba la gran ciudad.

Así cayó la gran Tenochtitlán. No sabemos cual habría sido su evolución de no ser por el impacto devastador de los conquistadores españoles, pero es así como comenzó la época colonial y la larga conquista espiritual, para muchos marcada por los sucesos de aquel 13 de agosto.

“In quexquichcauh maniz cemanahuatl,

ayc pollihuiz itenyo yn itauhca

in Mexico-Tenochtitlan.”

“En tanto que permanezca el mundo,

no acabará la fama y la gloria

de México-Tenochtitlan.”

Rosamary Porrúa de González